El mundo en el que vivimos es tan cambiante que a menudo resulta difícil de entender. El sistema social y el personal están tan irremediablemente vinculados entre sí que generan una gran complejidad. A ella hay que añadirle los procesos políticos, económicos, sociales, religiosos y tecnocientíficos.
No es baladí reflexionar sobre esos cambios sociales y acerca de su influencia en la persona. De hecho, preocuparse de lo social es pensar lo humano y viceversa. No obstante, para poder desarrollar una reflexión que nos dé alguna pista sobre el presente y el futuro del ser humano tenemos que ir más allá del ámbito experimental y caminar hacia el mundo de la realidad.
Este es uno de los fundamentos de la teoría de los imaginarios sociales. En ella se busca recuperar el ámbito de lo que nos caracteriza como humanos: la imaginación, lo psíquico, lo que no se puede ver en un laboratorio. Este entramado imaginario es el que hace que la realidad sea lo que es y que sea interpretada de una determinada manera.
Recentemente coincidiron no tempo dous acontecementos relevantes que construíron unha imaxe da ciencia coincidente. A ciencia coma productora de espectáculos dignos de ser admirados por diferentes características peculiares: elevado costo económico, grandiosidade material do proxecto, pouca claridade na finalidade, cooperación de varios Estados y beneficios no moi claros para toda a humanidade.
Este es el comienzo de una interesante reflexión sobre la ciencia realizada por el profesor Juan Luís Pintos en la revista TEMPOS dixital. Si quereis leerlo completo ir aquí.